JUGANDO CON BOTERO
29.9.06
28.9.06
27.9.06
A propósito del cartel que hice ayer:
"La calle se convierte en el frío hogar de más de 100.000 mascotas cada año"
(20minutos.es, 27.09.2006)
Nada novedoso, por desgracia.
Hay una campaña de recogida de firmas a favor de una Ley Nacional de Protección Animal en esta página:
26.9.06
25.9.06
Un expresidente que aparece en la prensa día sí, día también podría convertirse en
Pensamiento paradójico (cruda realidad, a veces):
El mismo elemento, vuelto, pues, a la actualidad y despojado del “ex”, podría convertirse, no en presi-diario, sino en presi-dente. Ojo.
21.9.06
La estupidez es una tara que nadie reconoce como propia y sin embargo sabemos con certeza que abunda en nuestra especie. Una de las máximas más citadas es aquella de Einstein según la cual sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana.
Cipolla, con perdón, en su libro Allegro ma non troppo (1988) establece las cinco leyes fundamentales de la estupidez humana y diferencia cuatro clases de individuos según un análisis de costes y beneficios, del siguiente modo:
Desgraciado: aquel que se causa un perjuicio a sí mismo, beneficiando a los demás.
Inteligente: aquel que se beneficia a sí mismo, beneficiando a los demás.
Bandido: aquel que obtiene beneficios para sí mismo, perjudicando a los demás.
Estúpido: aquel que causa pérdidas a otros, perjudicándose a la vez a sí mismo.
Para este historiador económico, el estúpido es el tipo más peligroso y funesto, pues sus acciones, al carecer de lógica, nos cogen por sorpresa e impiden por la misma razón una defensa racional. Lo irracional descoloca y devasta.
-->Saber más: aquí.
Desde un punto de vista etimológico, “estúpido” procede del latín “stupidus”, que significa “quedarse extasiado, atónito, maravillado”. El cariz peyorativo del término probablemente venga de la cara boba que padece toda persona en estado de estupor o pasmo. De la misma familia es “estupefaciente”, sustancia que maravilla, alucina y al final entontece.
Ayer uno de los grandes de las Españas, Wyoming, en su programa (El Intemedio, la 6, de 20,45 a 21,15) hablaba de una enfermedad real: el síndrome del acento extranjero. La universidad Jaume I, por ejemplo, tiene varios artículos publicados al respecto. Esta enfermedad afecta a las personas que hablan su lengua materna con acento extranjero. ¿A quién se puso en el programa como paciente emblemático (Emblematic patient) de este síndrome? A ése mismo que estás pensando. Al de “estamous trabahando en ellou”. Pues sí. Lo que le faltaba al eximio expresi: víctima de conspiraciones y enfermo. Encima.
A ver si para esta tara, como para la otra, el doctor de las pastillas anti-estupidez encuentra remedio. Ojalá.
20.9.06
NUEVOS MONSTRUOS
Antes se decía (supongo que ahora también, pero trasciende menos) que los caminos del Señor son inescrutables. Preciosa palabra "inescrutable"(merecería escribirse con "X", que le daría más empaque); de esas que uno suelta a la menor ocasión una vez la aprende.
En la sociedad de la infoxicación (saturación de información) y las nuevas tecnologías, los caminos inescrutables son los de la teleconexión y, sobre todo, la ubicuidad y el poder omnímodo (Jesús, otras dos expresiones de las que dan lustre) de los virus. Los virus escriben hoy las historias para no dormir y seguramente protagonizarán la personificación del mal en los cuentos infantiles de las generaciones inmediatas.
Para muestra, el terror que destila la carta de esta mujer:
Es que ni la tinta respetan estos seres espantosos.
18.9.06
Ando un poco oxidada. Digo yo que será cosa de los baños de mar. El salitre, el sol y una propensión inherente a la molicie rayana en el paralís, en conjunta ejecución, han mermado más si cabe la escasa fuerza de mi voluntad creativa. Vamos, que me cuesta una gónada que no tengo ponerme al teclado para reanudar el hilo de esta bitácora paradojil.
Tras un mes y cinco días de asueto, compruebo que un descanso prolongado puede provocar cansancio crónico. Siempre que me ocurre esto (en efecto, no es la primera vez; ni será la última, me temo), me acuerdo de un personaje de la película Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975): uno de los internos del manicomio que, cada vez que le preguntaban qué tal estaba, respondía invariable “Cansado; enormemente cansado”.
Por eso, ahora que llega la época de los propósitos de enmienda (como en Fin de Año, pero en forma de fascículos o inscripciones en cursos o gimnasios), estoy planteándome muy seriamente visitar a un psicoanalista. Eso, o matricularme una vez más en la academia de inglés para, una vez más, dejarlo a las dos semanas. Me han recomendado a una psicoanalista lacaniana de influencias bizantinas llamada Doris Minestrone. Tengo entendido que este tipo de terapias es largo y costoso, pero, frente a la opción de la academia, tiene la ventaja de que podré hablar en español e incluso a lo mejor me quita el maldito sentimiento de culpa por no saber inglés.
Sí, creo que voy a empezar la terapia. En toco caso, oremos para que no me ocurra lo que a esta mujer:
"Un psicólogo debe devolverle 75 mil dólares a una paciente"
Le había hecho pagar tres años de sesiones por adelantado. La Justicia calificó el acuerdo como una "privación ilegal de la libertad". Y cuestionó la "inusual duración y falta de eficacia" del tratamiento, que se prolongó durante casi 30 años.
(Clarín, 11.09.2006)
Ya os iré contando. Ahora me voy.
Estoy cansada; terriblemente cansada…
¡Cielo santo!





