18.9.06

Estoy de vuelta

Ando un poco oxidada. Digo yo que será cosa de los baños de mar. El salitre, el sol y una propensión inherente a la molicie rayana en el paralís, en conjunta ejecución, han mermado más si cabe la escasa fuerza de mi voluntad creativa. Vamos, que me cuesta una gónada que no tengo ponerme al teclado para reanudar el hilo de esta bitácora paradojil.
Tras un mes y cinco días de asueto, compruebo que un descanso prolongado puede provocar cansancio crónico. Siempre que me ocurre esto (en efecto, no es la primera vez; ni será la última, me temo), me acuerdo de un personaje de la película Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975): uno de los internos del manicomio que, cada vez que le preguntaban qué tal estaba, respondía invariable “Cansado; enormemente cansado”.
Por eso, ahora que llega la época de los propósitos de enmienda (como en Fin de Año, pero en forma de fascículos o inscripciones en cursos o gimnasios), estoy planteándome muy seriamente visitar a un psicoanalista. Eso, o matricularme una vez más en la academia de inglés para, una vez más, dejarlo a las dos semanas. Me han recomendado a una psicoanalista lacaniana de influencias bizantinas llamada Doris Minestrone. Tengo entendido que este tipo de terapias es largo y costoso, pero, frente a la opción de la academia, tiene la ventaja de que podré hablar en español e incluso a lo mejor me quita el maldito sentimiento de culpa por no saber inglés.
Sí, creo que voy a empezar la terapia. En toco caso, oremos para que no me ocurra lo que a esta mujer:

"Un psicólogo debe devolverle 75 mil dólares a una paciente"
Le había hecho pagar tres años de sesiones por adelantado. La Justicia calificó el acuerdo como una "privación ilegal de la libertad". Y cuestionó la "inusual duración y falta de eficacia" del tratamiento, que se prolongó durante casi 30 años.
(Clarín, 11.09.2006)

Ya os iré contando. Ahora me voy.


Estoy cansada; terriblemente cansada…
¡Cielo santo!