NOS-OTROS
-Ellos no son de los nuestros. No son españoles. Lo cercano siempre impresiona más.
-A nosotros no nos hubiera pasado. Nosotros sí hubiéramos podido estar en un metro de camino al trabajo o a un museo. No nos vemos trepando a una valla cubierta de espinos, perseguidos por hombres armados. No nos vemos, no.
-Ellos sabían a lo que se arriesgaban. No eran viajeros inocentes. La inocencia se pierde cuando sabes.
Sí, ya sé lo que estarán pensando algunos. Hay que ser realista: no hay sitio para todos.
Me viene a la memoria el día en que el príncipe anunció su compromiso con Letizia. Esa mañana el mar dejó en la costa, creo que de Almería, muchos cadáveres, no recuerdo cuántos. Hubo quien calificó de inoportuna la fecha elegida.
"Los inmigrantes muertos en la valla de Melilla fallecieron por traumatismos"
20minutos, 04.07.2006
"En el transcurso de esta tentativa /cruzar la valla/ y a pesar de los disparos de intimidación reglamentarios realizados por las fuerzas de vigilancia, los candidatos a la emigración ilegal siguieron escalando la valla y siete de ellos resultaron heridos de gravedad debido a las alambradas cortantes".
El mismo día que ocurría esto, Valencia se vio asolada por un gravísimo accidente del que todos tenemos noticia. Ahora mismo, mientras escribo, la televisión pública retransmite el funeral.
No deseo criticar la cobertura institucional e informativa de esta tragedia. Lo es, nos duele y nos conmueve. Eran españoles y podía habernos ocurrido a cualquiera. Nos ponemos en el lugar de las familias y se nos encoge el alma.
Lo que me pregunto es por qué la otra tragedia, la de los de Melilla esta vez, la de Canarias, otras, no nos conmueve de la misma manera. Ojo, que digo “nos”. Me incluyo.
De verdad que no tengo respuesta. Se me ocurren algunas explicaciones, pero tampoco sé si valen:
20minutos, 04.07.2006
"En el transcurso de esta tentativa /cruzar la valla/ y a pesar de los disparos de intimidación reglamentarios realizados por las fuerzas de vigilancia, los candidatos a la emigración ilegal siguieron escalando la valla y siete de ellos resultaron heridos de gravedad debido a las alambradas cortantes".
El mismo día que ocurría esto, Valencia se vio asolada por un gravísimo accidente del que todos tenemos noticia. Ahora mismo, mientras escribo, la televisión pública retransmite el funeral.
No deseo criticar la cobertura institucional e informativa de esta tragedia. Lo es, nos duele y nos conmueve. Eran españoles y podía habernos ocurrido a cualquiera. Nos ponemos en el lugar de las familias y se nos encoge el alma.
Lo que me pregunto es por qué la otra tragedia, la de los de Melilla esta vez, la de Canarias, otras, no nos conmueve de la misma manera. Ojo, que digo “nos”. Me incluyo.
De verdad que no tengo respuesta. Se me ocurren algunas explicaciones, pero tampoco sé si valen:
-Ellos no son de los nuestros. No son españoles. Lo cercano siempre impresiona más.
-A nosotros no nos hubiera pasado. Nosotros sí hubiéramos podido estar en un metro de camino al trabajo o a un museo. No nos vemos trepando a una valla cubierta de espinos, perseguidos por hombres armados. No nos vemos, no.
-Ellos sabían a lo que se arriesgaban. No eran viajeros inocentes. La inocencia se pierde cuando sabes.
Sí, ya sé lo que estarán pensando algunos. Hay que ser realista: no hay sitio para todos.
Si es que no estoy hablando de eso ahora. Lo que planteo con toda la crudeza que la cosa requiere es por qué nos afecta menos. Es así: lo lamentamos, nos dan mucha pena, pero nos afecta menos. ¿Por qué?
Y nada más.


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