24.5.06

El desfuncionarizador que desfuncionarice...

Hace años (no tantos) se odiaba a los funcionarios por bordes, porque no estaban al servicio del ciudadano, sino más bien para que al ciudadano le dieran ganas de ir al servicio.
Actualmente, y a pesar del histórico acuerdo por el empleo “fijo”, se les odia por ser los únicos que tienen un empleo fijo. Curiosa paradoja, pero es así. El trabajo ha pasado de ser un castigo divino a ser un lujo, y el trabajo fijo-auténtico, una obscenidad que no se puede consentir.

Para colmo, va el ministro Sevilla y salta con esto:

“El ministro Sevilla quiere que los funcionarios trabajen desde casa”
Efe. 17.05.2006 - 06:50h

Me da la impresión de que se prepara una nueva liberalización. La que faltaba: la de la Administración. ¿Cómo? Creando una inquina en la población hacia los funcionarios de tal calibre que se convierta en clamor social la erradicación de la Función Pública.

Un ejemplo: en El País del domingo pasado había un artículo sobre el Ayuntamiento de Marbella. En un gráfico se presenta la distribución del personal tal que así (juro que no hay truco. Ver página 32 del diario de 21.05.2006):





Es decir, hay 1.587 personas que trabajan para el Ayuntamiento, de los cuales 269 son directamente residuos sólidos urbanos. Snif.

Esta conjura nojudeo-masónica va adquiriendo, como se ve, tintes manifiestamente escatológicos. Ya ni decoro ni pudor: a degüello.

Y en eso está la derecha, y la izquierda mira de soslayo mientras silba (el que calla otorga). La campaña contra el hospital Severo Ochoa no sólo sirvió para herir de agonía a las voces que reclaman la regularización de la eutanasia, sino que se urdió para desacreditar a la Sanidad Pública. Ahora sabemos que se van a construir (o se están construyendo) 8 hospitales privados en la Comunidad de Madrid.

Lo público, es decir, aquello que garantiza el acceso a los derechos fundamentales para toda la ciudadanía, es lo que está en cuestión. Los trabajadores públicos independientes del poder político son necesarios para que lo público funcione; lo cual no implica que puedan hacer lo que les dé la gana ni sean intocables. Al revés. La Administración se puede gestionar como una empresa cuyos beneficios no se midan en términos de rentabilidad crematística, sino de servicios al ciudadano.

¿Qué hubiera pasado si el 11-M el personal encargado de las investigaciones, en vez de funcionario del Ministerio del Interior, hubiera sido contratado por una subcontrata de la subcontrata TemuevesTastrapallo, S.L. de la contrata de Seguridad Tescofurcio, S.A., por ejemplo? ¿Cónoceríamos hoy lo que pasó?

El desfuncionador que desfuncionarice...
... buen privatizador será.